27/8/13

Tomates o yogures podrían servir para fabricar las vacunas comestibles del futuro

Vacunas comestibles

La prevención de enfermedades en el futuro ya no vendrá de la mano de dolorosos pinchazos. Los tomates, el arroz o el yogur se plantean como alternativas para la producción de vacunas comestibles.


En 1996, una noticia recogida por la CNN anunciaba que las vacunas del futuro podrían administrarse a través de los alimentos. Aquel titular marcaba el despegue de una nueva línea de investigación en vacunas comestibles, una posibilidad cada vez más cercana.


¿Sería posible que los médicos en el futuro dieran plátanos, tomates o patatas para administrar las vacunas? Para llegar a esa hipotética realidad, las administraciones públicas deberían aceptar el uso de plantas transgénicas.


Pero como se suele decir, don't panic. Detrás de estos organismos modificados genéticamente no se encuentran 'oscuros' intereses comerciales, sino proyectos de investigación públicos que buscan vacunas más baratas y eficientes, lo que podría ser un gran apoyo para la protección de la salud en los países en vías de desarrollo.


Molecular pharming, llega la revolución


En la noticia que citábamos al principio, la producción de vacunas comestibles se veía como una posibilidad para reducir los efectos perjudiciales de enfermedades graves, tales como el cólera o la hepatitis B. Y es que en algunos países, prevenir estos síndromes es aún un reto sanitario, y la administración de vacunas convencionales es compleja.Las vacunas comestibles podrían ser más baratas y eficaces


Por una parte, la producción de vacunas tradicionales tiene un alto coste, y su envío a las zonas más necesitadas conlleva garantizar que las condiciones de transporte y almacenamiento serán las adecuadas. Estos factores son críticos, ya que de no garantizarse, conseguimos que las vacunas no tengan efecto.


La alternativa de las vacunas comestibles podría permitir que las condiciones de higiene y almacenamiento de estas zonas no fueran un problema para garantizar la salud de los pacientes.


Para fabricar vacunas comestibles, los científicos emplean una técnica conocida como molecular pharming . Este término alude a un juego de palabras entre farming (cultivar en granja) y pharmacy (farmacia), como bien explicaba el investigador del CSIC José Miguel Mulet en este post sobre plantas que vacunan en Naukas.


El molecular pharming no solo permitiría la producción de vacunas comestibles muy interesantes para la salud humana, sino que también podríamos ayudar en la prevención de la propagación de enfermedades, poniendo coto a su difusión mediante animales como las ratas o los murciélagos. Esto sería posible porque podríamos instalar comederos habilitados con ciertas vacunas comestibles, para así inmunizar a estos animales y frenar, por ejemplo, enfermedades como la rabia.


¿Cómo se producen las vacunas comestibles?


Tal y como comentábamos al principio, la producción de vacunas comestibles ha de hacerse mediante plantas transgénicas. Para ello, se ha de introducir mediante técnicas de ingeniería genética el antígeno que luego provocará la inmunización de las personas o animales que queramos vacunar. Según este trabajo sobre vacunas comestibles, la producción de antígenos en plantas transgénicas ya había permitido la fabricación de vacunas contra el rotavirus, la hepatitis B o el VIH. Se necesita demostrar su seguridad y eficacia en ensayos clínicos


Tanto en España como en América Latina son varios los grupos de investigación que trabajan en la fabricación de vacunas comestibles. En el caso español, investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas del CSIC de Valencia han desarrollado tomates azules en los que podrían introducirse antígenos para que fueran usados como vacunas. La razón de este color tan raro es su diferenciación para que no llegaran a entrar en la cadena alimentaria.


Un trabajo similar, esta vez mediante el uso de papa transgénica , tuvo lugar en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina. Allí lograron producir plantas transgénicas de papa, que contenían en su ADN la información que codifica para proteínas que provocan la respuesta inmune contra el virus de la enfermedad de Newcastle (NDV).


La última posibilidad de utilización de plantas modificadas genéticamente para fabricar vacunas comestibles la encontramos en el arroz transgénico . Su producción permitiría mejorar la eficiencia de las vacunas tradicionales contra el rotavirus, cuya eficiencia en los países en desarrollo se estima en un 50-60%.


El arroz transgénico MucoRice-ARP1, producido por un consorcio de investigación de científicos británicos, japoneses y suecos, cuenta con las mismas limitaciones que las anteriores vacunas comestibles: su eficacia en humanos aún debe ser demostrada en ensayos clínicos. Aunque las pruebas en modelos animales mantienen el optimismo, lo cierto es que todavía son necesarios varios años para que puedan llegar a la práctica clínica.


Yogures, la última moda para fabricar vacunas comestibles


Terminamos este repaso a la producción de las vacunas comestibles dejando de lado las plantas transgénicas. Y es que aunque estos seres vivos han demostrado ser grandes biofactorías, lo cierto es que los científicos siguen explorando el gran abanico de posibilidades que existen.


Así lo entendieron científicos del Instituto de Productos Lácteos de Asturias y del reconocido Instituto Karolinska en Suecia, que se plantearon hace un tiempo la conveniencia de usar bacterias transgénicas para fabricar vacunas. La receta para su producción es parecida: modificar genéticamente la bacteria para que codifique la información necesaria para una o varias proteínas, que luego serán las responsables de producir la respuesta inmune en las personas o animales vacunados.


Vacunas comestibles en yogures

Glen Bowman (Flickr)



Con este planteamiento, los investigadores modificaron genéticamente una bacteria del género Lactobacillus, para que en su ADN se insertara el gen que codifica el anticuerpo específico frente a rotavirus, aislado previamente de llamas resistentes a este virus. De este modo, podían posteriormente emplear estas bacterias lácticas en la fabricación de yogur, con el objetivo de que la administración de yogures pudiera inmunizar frente a la infección por rotavirus.


Como en el caso de las plantas transgénicas, el uso de yogures como vacunas comestibles aún es una posibilidad lejana. Se necesita comprobar su eficacia y no toxicidad en ensayos clínicos en humanos, para así garantizar que en todo caso, las vacunas comestibles funcionan y son seguras. Quizás en el futuro olvidemos los dolorosos pinchazos, y la protección de nuestra salud venga de la mano de un tomate, una papa o incluso un yogur.



















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